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Inicio > Baños antiguos > Historia de los calentadores de agua

Baños antiguos

La historia de los baños termales abarca desde el uso prehistórico de manantiales termales naturales hasta sofisticados sistemas de calefacción artificial desarrollados por los griegos y perfeccionados por los romanos, con una fuerte continuidad en lugares como España (Hispania).

Las aguas termales naturales se utilizaban en todo el mundo mucho antes de que existieran los baños artificiales. La calefacción artificial y las instalaciones construidas específicamente para este fin surgieron en el mundo clásico mediterráneo.

Manantiales termales prehistóricos y naturales (en todo el mundo)

Los seres humanos han utilizado manantiales geotérmicos naturales para bañarse, curarse y realizar rituales desde el Paleolítico, allí donde se encontraban.

No existe un único yacimiento “más antiguo”, pero sí hay evidencias y tradiciones presentes en todos los continentes:

  • Australia (asociaciones del Tiempo del Sueño aborigen con las fuentes de agua).

  • China (uso temprano de aguas termales; la piscina de piedra en Huaqing/Huaqing Chi, asociada con la dinastía Qin en el siglo III a. C., se encuentra entre las piscinas termales construidas más antiguas documentadas).

  • Japón (tradición de onsen con posible antigüedad profunda, aunque las afirmaciones tempranas específicas son especulativas).

  • Mesoamérica, Anatolia (hititas) y el Mediterráneo.

En el valle del Indo, los Grandes Baños de Mohenjo-Daro (alrededor del 2500 a. C.) eran una gran estructura pública de agua, aunque parece tener un carácter más ritual que termal.

Baños griegos

La cultura del baño griega constituye el antecedente directo de los sistemas romanos.

  • Se encuentran referencias literarias en Homero (siglo VIII a. C.), donde los baños calientes restauran a los héroes.

  • Los baños públicos (balaneia) están documentados arqueológicamente desde mediados del siglo V a. C. (por ejemplo, las Termas de Dipylon en Atenas). Generalmente, contaban con salas circulares (tholoi) con bañeras individuales a lo largo de las paredes; los bañistas se sentaban y se les vertía agua caliente encima, en lugar de sumergirse en piscinas compartidas.

  • El agua se calentaba mediante braseros, piedras calientes o hornos primitivos. Algunos ejemplos helenísticos (siglos III-II a. C., como Gortis en Arcadia, Gela en Sicilia y fases posteriores en Olimpia) muestran experimentos elementales de calefacción por suelo radiante que anticipan el hipocausto.

  • Los baños estaban vinculados a gimnasios y santuarios curativos (Asclepieia). Hipócrates (siglos V-IV a. C.) analizó las propiedades de diferentes aguas y los efectos de los baños calientes y fríos.

  • Los manantiales termales naturales (por ejemplo, Loutraki, cerca de Corinto, y Aedipsos) se utilizaban antiguamente y se siguieron utilizando junto con las instalaciones artificiales.

Los baños griegos hacían hincapié en la limpieza individual y eran menos monumentales o tenían menos importancia social que los posteriores baños romanos.

Imagen de la antigua Roma calentando los baños.

Termas romanas y el hipocausto

Los romanos transformaron el baño en una institución social, higiénica y recreativa de masas, extendiéndola por todo su imperio.

  • Orígenes: Construido sobre modelos griegos, tradiciones agrícolas italianas locales y el calor volcánico natural de Campania (cerca de Baiae y los Campos Flégreos). Los etruscos ya habían utilizado manantiales termales (siglos VIII-IV a. C.).

  • Baños públicos primitivos (balnea): Aparecen en el centro de Italia entre los siglos III y II a. C. Entre los yacimientos más importantes se encuentran los de Fregella (Lacio): la Fase I (finales del siglo III a. C.) muestra características avanzadas influenciadas por los baños griegos y sicilianos occidentales; la Fase II (mediados del siglo II a. C.) incluye uno de los primeros hipocaustos completamente desarrollados del tipo «vitruviano» (suelo elevado sobre pilares de ladrillo que permite la circulación de aire caliente por debajo). Los Baños Estabios de Pompeya (fases del siglo II a. C.) también presentan hipocaustos primitivos.

  • El hipocausto (del griego «hipocausto», que significa «bajo fuego»): El aire caliente de un horno (praefurnium) circulaba bajo pisos suspendidos y, a menudo, a través de conductos murales (tubuli). Autores antiguos (Plinio, etc.) atribuyeron al comerciante Sergio Orata (alrededor del 80 a. C.) la invención de los «baños colgantes» (pensiles balineae), pero la arqueología demuestra que esta tecnología es anterior a él por décadas o más; es probable que Orata la perfeccionara y comercializara (incluso para criaderos de ostras y villas). Vitruvio describe el sistema en detalle alrededor del 15 a. C.

  • Desarrollo: A finales de la República y principios del Imperio, los baños incluían salas diferenciadas —apodyterium (para cambiarse), frigidarium (frío), tepidarium (templado), caldarium (caliente)—, además de salas de sudoración (laconica), patios de ejercicio (palaestrae) y, en ocasiones, bibliotecas o salas de conferencias. Las grandes termas imperiales comenzaron con los baños de Agripa en Roma (finales del siglo I a. C.) y alcanzaron una escala espectacular bajo emperadores como Trajano, Caracalla y Diocleciano.

  • Función social: Accesible para la mayoría de las clases sociales (a menudo gratuito o a bajo costo), el baño se convirtió en un ritual diario que combinaba higiene, ejercicio, conversación y exhibición de estatus. En el apogeo del Imperio, existían cientos de baños públicos solo en Roma.

España (Hispania) y la continuidad

Las termas romanas llegaron tempranamente con la colonización y la presencia militar.

  • Ejemplos tempranos: Vinculados a la fundación de colonias, como en los alrededores de Valencia (fundada en el 138 a. C.) y Lugo (construida alrededor del 15 a. C. cerca de la fundación de la ciudad, utilizando aguas termales).

  • Lugares destacados: Muchos en Tarraco, Emerita Augusta (Mérida), Itálica, Segóbriga y otros. Las Termas Orientales de La Alcudia (cerca de Elche) forman un gran complejo del siglo II d. C. con una impresionante piscina (natatio).

  • Alange (Badajoz, cerca de Mérida): Uno de los balnearios más importantes por su tradición continua o casi continua. Estas termas medicinales utilizaban agua caliente natural (aproximadamente 28 °C). Las estructuras (que incluyen dos cámaras circulares abovedadas —una para hombres y otra para mujeres— con piscinas centrales) datan de los siglos II-III d. C. (en uso durante los reinados de Trajano y Adriano; una inscripción votiva confirma su actividad en el siglo III). Tras periodos de decadencia y abandono, fueron restauradas a partir de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Las cámaras romanas permanecen integradas en el balneario moderno (Balneario de Alange), lo que lo convierte en uno de los balnearios romanos mejor conservados y de mayor antigüedad de España. Forma parte del conjunto arqueológico de Mérida (Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO).

  • Posteriormente, los periodos visigodo y, sobre todo, el islámico, continuaron con esta tradición. Los hammams árabes (por ejemplo, los Baños Califales del siglo X en Córdoba, bajo el reinado de al-Hakam II) adaptaron la tecnología romana del hipocausto para crear salas de vapor, templadas y frías secuenciales. Muchos topónimos españoles (Caldas, Alhama) reflejan esta herencia termal.

Imagen de los baños de la Casa del Anfiteatro

Roman Heating Technology in Detail

The Romans developed the most sophisticated ancient systems for both room heating and hot water.

Hypocaust (underfloor and wall heating): A furnace (praefurnium) burned wood (or sometimes charcoal).

Hot air and smoke flowed into a void under a raised floor (suspensura) supported by stacks of brick pillars (pilae, typically spaced about 60 cm apart and often taller or reinforced near walls and under pools). The floor surface usually consisted of large tiles (bipedales), concrete, and a finished top layer (marble, mosaic, or tile).

Floors often sloped gently toward the furnace so heat circulated efficiently. Exhaust gases rose through vertical flues in the walls—early systems used tegulae mammatae (tiles with protruding knobs creating air channels); later and more common were tubuli (hollow rectangular clay pipes stacked against the walls).

These heated the walls by radiation and convection, then vented through the roof. In some cases, heating extended into vaults.

Studies of well-preserved sites (e.g., Indirizzo Baths in Catania) suggest hypocaust gas temperatures of roughly 90–125°C (sometimes higher near the furnace), producing comfortable room temperatures in the caldarium of about 30–40°C while avoiding dangerously hot surfaces. Large complexes required continuous firing; cooling a major bath could take days, so fires often ran day and night. Fuel demands were high—some provincial baths are estimated to have required the equivalent of a hectare of managed woodland per year.

Hot-water boilers and pool heating: The same furnaces usually heated water. Large bronze or lead cauldrons (boilers) sat directly over or beside the fire, often insulated by masonry. Vitruvius describes a practical three-boiler arrangement for double (men’s/women’s) baths: one for hot water, one for tepid, and one for cold, interconnected so that as hot water was drawn, tepid water replaced it and cold water topped up the tepid tank. Cold water typically came from aqueducts or cisterns via lead pipes and valves.

A specialized device called the testudo alvei (“turtle of the pool”) helped keep the water in the hot plunge pools (alvei) warm. This was a semi-cylindrical metal container (bronze or copper) open at one end to the pool bottom and positioned so its flat base sat directly in the furnace heat. Water circulated by convection: cooler water sank into the testudo, heated, and rose back into the pool. Evidence appears as early as the Stabian Baths in Pompeii; metal components were often later scavenged, so archaeological traces can be incomplete. Some pools also benefited from the radiant heat of the hypocaust floor beneath them.

Service areas for the stokers (often slaves) were practical and separated from the public spaces. Window glass, introduced more widely in the 1st century AD, improved lighting and heat retention in the hot rooms.

Greek and Early Systems

Greek public baths (balaneia) primarily used individual hip-baths with hot water poured over the bather. Heating was simpler—portable braziers, hot rocks, or small furnaces adjacent to the rooms. Some Hellenistic examples (3rd–2nd centuries BC in Sicily, southern Italy, and mainland Greece, such as Gortys and later phases at Olympia) show early channel or rudimentary underfloor heating that influenced Roman developments. Full Roman-style hypocausts and shared pools appear later in the Italian context.

Other Regions

  • Egypt: Private bathrooms with stone floors, drainage, and water-pouring arrangements exist from the Middle Kingdom onward in elite residences. Public baths of Greek (tholos/hip-bath) type arrived under the Ptolemies (Hellenistic period). Roman and Romano-Byzantine baths followed, with many well-preserved examples across the Nile Delta, oases, and sites such as Karnak, Trimithis, and Alexandria (including circular Ptolemaic public baths). Local adaptations persisted.

  • Near East and Mesopotamia: Pre-Hellenistic evidence is limited mainly to elite private bathtubs or simple pouring platforms. Public heated baths became more common after Greek and especially Roman influence. Later Byzantine and early Islamic baths (precursors to hammams) adapted hypocaust and steam techniques.

  • Elsewhere, Scythian-style sweat baths (felt tents with heated stones) are described by Herodotus. Pre-Islamic Iran had some public baths despite Zoroastrian concerns about polluting water; Sasanian rulers later promoted them. Chinese and Japanese thermal traditions focused more on natural hot springs, with constructed pools appearing by the Qin period in China.

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